ONDAS
TERRESTRES
Las ondas
terrestres son aquellas que se propagan sobre la superficie de
la Tierra o muy cerca de ella. La figura 8 representa las
formas de propagación en estas condiciones. Esta tiene lugar
de dos modos diferentes, uno directo, desde la antena emisora
hasta el receptor, y otro reflejado sobre la superficie de la
Tierra o los obstáculos que encuentra en su camino.
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Figura 8. La
propagación de las ondas terrestres puede ser directa o
reflejada. La primera tiene lugar cuando entre la antena
emisora y la receptora no existe
ningún obstáculo y las segundas llegan a la antena receptora después de rebotar sobre tierra, el mar o cualquier otro obstáculo importante. |
La
onda superficiales guiada, por decirlo de alguna manera, sobre
la superficie de la Tierra siguiendo su curvatura y si la
Tierra fuese un conductor perfecto la transmisión alcanzaría
distancias enormes, pero no ocurre así. Se inducen tensiones
entre las ondas y el suelo que dan lugar a una cierta pérdida
de energía que, como hemos dicho, provoca una atenuación o
pérdida de la energía de propagación de la onda y, con ello,
acortan en gran medida la distancia útil a la que es capaz de
llegar la señal radiada por la antena del emisor.
En la
propagación tiene una gran importancia la frecuencia de la
señal, las ondas de alta frecuencia son atenuadas más
rápidamente que las ondas de frecuencias más
bajas.
Fijémonos un poco más en estos dos tipos de
propagación sobre la superficie de la Tierra.
Para la
propagación directa de las ondas tiene una importancia
considerable la altura de las antenas. En los alrededores de
las ciudades estamos acostumbrados a ver antenas que se elevan
más de un centenar de metros, los reemisores para las emisoras
de radio y televisión se levantan a grandes alturas, sobre los
montículos dominantes de la orografía del terreno que se desee
cubrir con la señal, lo cual condiciona la longitud de onda y
el alcance directo de la emisión.
Cuando las antenas
emisora y receptora están a la vista, la señal que recibe esta
última no es única, sino que es la resultante de dos ondas, la
onda directa y la reflejada. Ambas se encuentran y se suman,
de tal modo que la onda resultante puede quedar reforzada o
disminuida según que dichas señales lleguen en fase o en
oposición de fase.
Cuando una onda llega a tierra, su
frente se refleja y se invierte su fase, sufre un defase de
180 ° con relación a la onda que sale de la antena y cuando la
distancia entre antenas es corta y quedan casi a la misma
altura del suelo, prácticamente se considera idéntica la
longitud recorrida por las dos ondas y se anula en la antena
receptora. Estarán también en fase cuando la señal reflejada
llegue a la antena receptora un múltiplo impar de una semionda
y, en cambio, también estarán en oposición de fase cuando la
señal reflejada llegue al punto receptor un múltiplo par de la
semionda.
Entre las dos posiciones extremas (que las
ondas estén en fase o en oposición de fase) pueden darse todos
los casos intermedios, así la interacción entre las ondas
directa y reflejada puede dar lugar a señales que irán desde
un valor máximo a un valor mínimo.
En la práctica se
procurará adecuar la longitud, la altura de la antena
receptora y la situación de ésta con relación a la dirección
de propagación, para que ésta sea directa y evitando en lo
posible la interposición de obstáculos entre emisor y
receptor.
Si la
distancia entre antenas es mayor que la máxima distancia
visual, teóricamente no debería recibirse señal en la antena
receptora, pero como se ha expuesto antes, las ondas
terrestres se difractan sobre la superficie contorneando los
obstáculos. Las ondas sonoras, son de baja frecuencia y rodean
con facilidad los grandes obstáculos, pero no sucede lo mismo
con las ondas electromagnéticas en donde la difracción es más
pequeña.
Durante el día, la mayor parte de las
transmisiones tienen lugar basándose en la propagación de las
ondas superficiales, pero los mejores resultados se consiguen
con frecuencias medias y bajas puesto que las frecuencias
elevadas sufren una atenuación mucho mayor.
La tierra
es un gran absorbente de ondas sonoras debido a la resistencia
que aquélla opone a las mismas, pero cuando aumenta el grado
de humedad también lo hace la conductividad y ello favorece la
propagación. Sucede esto porque la humedad propicia la
conductividad eléctrica. Recuerde, por ejemplo, que la
descarga de los pararrayos sólo era efectiva cuando la zona de
tierra hacia la que se llevaba el conductor de bajada estaba
suficientemente húmeda como para ofrecer una resistencia
mínima.
Algo similar sucede con las ondas
electromagnéticas superficiales: la conductividad es tanto
mayor cuanto más húmedo está el terreno, asimismo es mucho
mayor a través del mar que sobre tierra firme. Este es uno de
los motivos por los que las emisoras situadas junto al mar
aumentan en gran medida su alcance cuando dirigen sus
emisiones en esta dirección. Por un lado el agua favorece la
conductividad y por otro la ausencia de obstáculos físicos
permite a la onda superficial adaptarse al máximo a la
curvatura terrestre. Este tipo de emisora de cara al mar se
dedica, sobre todo, a comunicaciones sobre este medio,
dirigidas a los barcos, con ondas largas que llegan a
distancias difíciles de alcanzar con ondas directas o
reflejadas. La banda de frecuencia llega de 15 a 300 kHz, lo
que supone una longitud de onda a partir de 1.000 m en
adelante.
Por las especiales condiciones de propagación
se utilizan poco con fines comerciales y su interés reside en
aprovechar las ondas superficiales sobre el mar, donde la onda
se atenúa muy poco y se alcanzan distancias de hasta 1.500 km.
Estas señales son muy estables y no sufren variaciones diurnas
ni estacionases.
Tal como va aumentando la frecuencia,
desde 300 kHz hasta 3 M Hz, la distancia alcanzada apenas es
superior a los 300 km y ello con potencias de emisión
considerables y siempre que se mantengan unas condiciones
ideales de propagación sobre la superficie terrestre por la
que discurren.
A partir de 3 MHz, la onda terrestre
sufre una atenuación tan grande que no es utilizable para
distancias superiores a 30 km, lo que fija el límite de su
empleo en la práctica, debiendo emplearse otros métodos de
propagación para frecuencias mayores a distancias
importantes.
ONDAS ESPACIALES
En la figura 7
pueden observarse claramente las ondas espaciales. Este tipo
de ondas corresponde al que se proyecta desde la antena hacia
el firmamento sin llegar a las proximidades de la
superficie.
A su vez, las ondas espaciales pueden
clasificarse en otros dos tipos, ondas troposféricas y ondas
ionosféricas.
Las primeras se propagan por zonas
cercanas a la superficie, hasta 10 km aproximadamente,
mientras que las segundas lo hacen por encima de esta altura
hasta llegar a 500 km, en la zona conocida como
ionosfera.
Con estas últimas pretendemos desviar la
trayectoria de las ondas electromagnéticas haciéndolas
regresar de nuevo a la superficie de la Tierra en un lugar muy
alejado del punto de emisión.
Ondas
troposféricas
Las ondas troposféricas son aquellas
que se propagan en la zona de la atmósfera que tiene este
mismo nombre: troposfera. Esta región situada entre 300 y
10.000 metros sobre la superficie, es el lugar en donde se
forman las nubes y en el que las ondas pueden sufrir algún
tipo de modificación debido a la influencia de las capas del
aire.
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| Figura 9. Las zonas montañosas
producen turbulencias por la poca uniformidad de las capas del aire existente sobre ellas, lo que provoca una dispersión de las ondas y con ello una comunicación deficiente en este estrato de la atmósfera |
Las
condiciones de propagación de estas ondas presentan una gran
dependencia de la temperatura y humedad del aire contenido en
la troposfera. Como estos valores no son constantes en ninguna
zona, la propagación será irregular en esta capa atmosférica.
Basta observar cualquier mapa meteorológico para darse cuenta
de que la temperatura va disminuyendo con arreglo a la altura,
cuanto más lejos estamos de la superficie más frío está el
aire, y, por otro lado, las fotografías desde los satélites
muestran una diferente localización de las nubes en cada
momento del día y en cada punto del globo.
Una
atmósfera ideal sería aquella que partiera de valores máximos
de densidad y de conducción en las zonas bajas hasta llegar a
una densidad prácticamente nula y sin humedad en las zonas
altas.
Sin embargo, en la práctica, estas condiciones
no se dan nunca lo normal es que en el aire de la troposfera
se den zonas de turbulencias (masas cambiantes de nubosidad) y
estratos más o menos paralelos de diferente temperatura y
concentración de humedad, lo que permite alcanzar en casos
especiales distancias importantes.
En la figura 9
representamos lo que sucede con la propagación de las ondas en
las proximidades de zonas montañosas. La influencia que tienen
las diferentes elevaciones del terreno sobre las masas de aire
que las rodean hace que no existan grandes capas uniformes de
aire que tengan idéntica temperatura y humedad, lo que
conlleva una dispersión de las ondas que llegan a
ellas.
A este tipo de propagación se le conoce como
propagación por dispersión. La dispersión se aprovecha muy
poco en las zonas montañosas pero resulta de gran utilidad
sobre grandes llanuras o áreas marítimas, en donde los
estratos son más estables, y sobre todo a frecuencias de
cientos o miles de megahercios.
Las comunicaciones por
dispersión resultan útiles en la transmisión de señales de
televisión o telefonía utilizando grandes potencias y antenas
direccionales. Con las señales de VHF, UHF y SHF se puede
llegar a distancias mayores que el alcance visual pero
perdiendo estabilidad y recogiendo perturbaciones de tipo
atmosférico. La lluvia, la nieve, las tormentas con descargas
eléctricas, etc. ocasionan importantes variaciones en la
propagación de las ondas de este tipo.
Tomado de artículos varios en revistas especializadas, Internet y una traducción parcial del libro "Ser Radioaficionado" INTERNATIONAL AMATEUR RADIO STUDY GUIDE de Paul L. Rinaldo, (W4RI), editada por The American Radio Relay League (ARRL).
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