HISTORIA DE LA RADIOAFICION ARGENTINA
por Daniel O. Sánchez,
LU2DP
Tratar
de conocer lo mejor posible los hitos más destacados y algunos de los
nombres que sobresalieron en el inicio de la Radioafición Argentina, creo
que es casi una obligación para quienes cultivamos este hermoso
hobby-ciencia.
Con este criterio trataré de brindar en la presente
nota, un panorama general sin profundizar en cada uno de los temas lo cual
requeriría mucho más espacio.
Sin dudas la misma comenzó en muy pequeña
escala, fundamentalmente con experiencias de laboratorio que se realizaron
a fines del siglo XIX y principios del XX.
El
eminente físico e ingeniero Teobaldo J. Ricaldoni en su libro "Apuntes de
Física", editado en 1898, con texto aprobado por el Ministerio de
Instrucción Pública, por Decreto del 28 de Enero del mismo año, detalla en
la página 679 el "Telégrafo sin hilos" de Marconi, "utilizando las
vibraciones de Hertz". El transmisor era una bobina de inducción o carrete
de Ruhmkorff con un explosor o chispero. El receptor, un cohesor que hacía
de detector y cerraba un circuito local con una especie de relevador o
sounder.
Ricaldoni verificó estas experiencias y hasta perfeccionó el
cohesor fabricando uno con limaduras de bismuto, aprovechando su bajo
punto de fusión y aspecto cristalino que facilita la producción de
contactos imperfectos.
A principios del siglo XX aparecieron los
primeros radioaficionados que experimentaban los últimos adelantos de la
Física, sus estaciones carecían de señal distintiva oficial -faltaban
algunos años todavía para el otorgamiento de las primeras
autorizaciones-.
Por ese
entonces se denominaban estaciones experimentales y por lo general
adoptaban un nombre elegido por si mismos, a veces el de la calle en que
se encontraban ubicados.
Mario Pedro Arata (posteriormente LU9AL) a la
sazón experimental "Urania" se comunicó en 1907 con Teobaldo Ricaldoni,
que estaba en su laboratorio del Colegio Nacional, utilizando ambos,
equipos similares de chispa y cohesor, a una distancia de dos cuadras; la
comunicación se establecía en base a una serie de rayas y puntos en
intervalos de tiempo preestablecidos.
La
Armada fue la primera institución argentina en volcarse a las
telecomunicaciones sin hilos, en 1898 Ricaldoni construyó una estación
radiotelegráfica que emplazó en el taller de Marina de la Dársena Norte,
en Buenos Aires.
Con el equipo de Ricaldoni se intercambiaron varios
despachos a una distancia de 50 kilómetros: la segunda estación hallábase
en el aviso Vigilante.
De los primeros operadores radiotelegrafistas,
fueron los hermanos Evers que ya en 1908 comenzaron a estudiar el código
Morse. Los comunicados que pudieron hacer para esa época eran muy
"locales" a pocos metros, utilizando la famosa bobina de Ruhmkorff y un
cohesor rudimentario.
Para la
misma época varios colegios hacían experiencias de laboratorio con
aparatos de telegrafía sin hilos: el Colegio San José de la calle
Azcuénaga 164, de los hermanos Bayoeses, que instalaron una antena en el
mirador con la que realizó experiencias el Reverendo Padre Lamane,
profesor de física. El colegio Del Salvador también tuvo su estación a
cargo del padre Senra, que usó el campanario para fijar un extremo de la
antena.
Entre estos pioneros de la técnica radioeléctrica figura el
Ing. Teodoro Bellocq, que aplicando a la vida diaria sus conocimientos de
radio instaló una estación completa en su casa de la Capital Federal, para
comunicarse con su casa de fin de semana ubicada en San
Isidro.
El Ing.
Bellocq, respetuoso de las leyes y reglamentaciones que por aquel entonces
regían las comunicaciones inalámbricas, (llamadas telegrafía sin hilos),
solicitó autorización pertinente al Gobierno Nacional, el que el 15 de
Octubre de 1913 expidió el siguiente decreto:
"El
Vicepresidente de la Nación Argentina - DECRETA:
Art. 1º
-Autorízase a D. Teodoro M. Bellocq, para establecer dos estaciones
corresponsales de radiotelegrafía, compuesta cada una de aparatos
transmisores y receptores y sus correspondientes antenas, con las
siguientes características; bobina de inducción de 15 mm de chispa;
montaje de ondín; alcance máximo de 50 Km; longitud de onda 150 m; energía
máxima empleada 300 watts; recepción por inducción por detectores
electrolíticos y a cristales. Art. 2º -Concédese esta autorización por el
término de seis meses, con la condición que el uso de la misma no
perturbará el funcionamiento de las estaciones de servicio público y sin
perjuicio de la inspección oficial de los ensayos, cada vez que se juzgue
oportuno.
Art. 3º
-Las estaciones de referencia se instalarán en esta Capital, Boulevard
Callao Nº 1600 y en San Isidro, Quinta conocida con el nombre de
"Valparaíso"; si para ello se contase con el correspondiente permiso de
los propietarios de dichos inmuebles.
Art. 4º
-Comuníquese por nota a los Ministerios de Guerra y Marina, publíquese,
dése al Registro Nacional, repónganse los sellos y archívese. PLAZA
Indalecio Gómez".
El
artículo 4º parecía señalar un exceso de precaución con respecto a la
defensa nacional, ya que se daba intervención por nota a los ministerios
de Guerra y Marina.
Sin
embargo, resultó justificada, ya que pocos meses después de expedido este
decreto, se declaraba la primera guerra mundial.
Recién después de la
finalización de la misma, puede decirse que comienza la radiotelefonía de
aficionados en la Argentina. Hasta entonces los transmisores eran de ondas
amortiguadas cuya naturaleza no permitía la modulación. Para esto era
imprescindible que la onda portadora fuera de amplitud constante, es decir
sin decremento.
Los aparatos disponibles entonces producían una onda en
base a una descarga y no permitían efectuar transmisiones
radiotelefónicas. Las empresas comerciales de la época ensayaron en primer
lugar con alternadores de elevada frecuencia como el de Tesla y Feseden.
Otro grupo de investigadores encabezados por Duddel y Pulsen llegaron a
obtener oscilaciones de alta frecuencia de amplitud constante utilizando
las propiedades del arco de carbón, que ardía en una atmósfera de
hidrógeno, usando para este fin alcohol que se dejaba caer por gotas en
una cámara en la que debido a la elevada corriente en el arco, disminuída
la temperatura, se volatilizaba.
El
circuito transmisor con lámpara de arco constaba simplemente de un
condensador y una bobina conectada en serie y que a su vez se colocaban en
paralelo con el arco. El principio de funcionamiento se basaba en que al
aumentar la corriente en el arco, disminuía la tensión en los terminales
del mismo, permitiendo la carga y descarga del condensador mencionado, que
combinada con la inductancia serie, mantenía el arco y producía la
descarga oscilante de alta frecuencia conforme a los valores LC del
circuito.
Era
fácil entonces acoplar a la inductancia una bobina de antena para
transferir esta energía al espacio. La modulación se lograba colocando un
micrófono de carbón en serie con la antena o la toma de tierra. Se modula
entonces variando la resistencia del circuito igual que un micrófono común
en una línea telefónica, aunque por supuesto con otra clase de
corriente.
En esta primera etapa de la Radioafición Argentina con
ondas amortiguadas se destacaron entre otros los hermanos Evers, Federico
Arlía y Juan Manuel Arechavala. Este último ya transmitía en 1916 en
radiotelefonía por medio de chispa de alta frecuencia, llegando a
comunicarse con La Plata.
La
segunda etapa comienza con el advenimiento de la válvula termoiónica,
inventada por el Dr. Lee de Forest en los EE.UU. y que Arechavala ya
empleaba desde 1917. Para esa época actuaban varios Radioaficionados entre
los cuales se recuerda a Martínez Seeber, Arlía, hermanos Evers, Arévalo,
Gómez, Aguirre, Mujica, Romero, Guerrico, etc., con licencias concedidas
por el Ministerio de Marina que en aquel entonces ejercía el contralor de
las comunicaciones radiotelegráficas.
El 21 de
Octubre de 1921 se reunió un calificado grupo de Radioaficionados que en
Asamblea realizada en el salón de actos del Diario La Prensa, fundaron el
Radio Club Argentino, institución decana de la Radioafición
Argentina.
Bibliografía:
Historia de
las Comunicaciones Argentinas, Fundación Standard Electric
Argentina
Historia de la Radioafición Argentina, por Augusto E. Osorio,
LU2AO
LA CANCION DEL LU
Hacia remotos lares
voces estan
surcando
y unidas van gestando
el abrazo fraternal de la
amistad.
Ondas que van llevando
todas las emociones
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corazones
bajo el lema de la unión y la igualdad.
En nuestras emisiones
los LU brindamos
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nuestra lealtad.
Del aire centinelas
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que demande su inmediata intervención.
Gloria a la noble ciencia
y a su feliz destino
que une
en cada camino
la sincera voz de la radioafición.